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sábado, 18 de febrero de 2012

1º Relato - Un reencuentro en San Valentín, de María F&C


Un reencuentro en San Valentín

Aún no me podía creer que todo hubiese acabado. Era la noche del 13 de Febrero, en concreto las once menos cuarto de la noche.
Me acosté en la cama, pensando en ese amor que hacía tanto tiempo perdí por la estupidez, por no hablarle, por no acercarme.
Hubo miradas, muchas que decían más que mil palabras y que quedaron escritas con fuego en mi corazón. Hubo momentos que no eran fáciles de olvidar.
Algunas personas me preguntaban que cómo podía segur queriendo y yo respondía que no sabía. Pero mentía cada vez que decía eso.
Sabía perfectamente que él era mi mitad, mi amor verdadero, mi destino y todo lo cursi que se podía decir que alguien era para ti.
Había pasado más de un año de todo lo vivido con él, había pasado más de un año desde que él se fue de mi vida y no supe desde entonces hacer otra cosa que pasarlo mal, vivir en el recuerdo de un amor que no volvería, un amor de verano que está muy lejos y del que no sé nada, ni siquiera un número, un e-mail. Nada.
Era perfectamente consciente de que se acercaba el 14 de Febrero ya quedaban sólo unos minutos para que llegase ese mal día para mí, gran día para las que estaban con sus respectivos novios. Lo cierto era que nunca había celebrado ese día, pero sentía cierta nostalgia.
En mi mente sólo sonaba una canción: The call de Regina Spektor.
Deseé dormirme y olvidar o quizá no quería olvidar nada. Lo que realmente quería era que él estuviera aquí y me dijera que me quiere y que lo siente. Aunque también soy yo la que debe sentirlo.
Derramé una lágrima, me arropé bien-tiritaba de frío- y cerré los ojos.
Es abrirlos y me di cuenta de que estaba en esa playa donde lo conocí.
Era de día, el día era soleado, aunque hacía frío.
De repente, alguien me tapó los ojos con sus manos y luego me los destapó.
Me volví y allí estaba él, tan perfecto con esa gran sonrisa, con esos ojos castaños y ese pelo del mismo color, quizá un poco más oscuro.
Llevaba un abrigo de color azul y unos tejanos.
-Eres tú-susurré.
De repente, los ojos se me llenaron de lágrimas e instintivamente me lancé a abrazarlo con fuerza. Él hizo lo mismo.
Nadie podía saber cuánto hacía que deseaba ese gran momento. Ese reencuentro.
-Feliz día de san Valentín-me dijo con acento portugués.
-¿Dónde estabas?-pregunté aún llorando-. Te he echado de menos.
-Lejos, ya lo sabes-respondió.
Me reí por su acento y él sonrió.
-Nunca te he olvidado-le confesé-. He podido pensar en varios más, pero tú siempre has estado en mi corazón, jamás has salido de él. Desde que te vi supe que era tú la razón por la que estoy aquí. Quiero que sepas que te amo con todas las fuerzas, de que estoy aquí por ti.
-¿Sabes? Me acuerdo de aquella vez en la que estabas nadando y te vi allí y me miraste. De aquella vez en la que estábamos en frente, mirándonos. Recuerdo todo. Cuando me fui, me arrepentí de no haberte dicho nada-dijo mirándome fijamente a los ojos, como nunca pensé que nadie fuese a hacerlo.
Yo me intenté limpiar las lágrimas, pero cada vez salían más.
-Nunca debiste haberte ido, te llevaste mi alma y lo único que quedaste fueron restos de mi corazón hecho pedazos-le reproché.
-Sólo tenemos este sueño, estos instantes para estar juntos otra vez y decir lo que nunca dijimos, que sea lo que no fue. Esto es un sueño-me explicó, haciéndome sentarme junto a él en la arena de la playa.
-Ya decía yo que era demasiado bueno como para ser cierto-murmuré.
El me cogió de la mano y yo se la apreté, como si la vida se me fuera en ello, como si el mundo se fuese a acabar al día siguiente.
-No he podido traer un regalo, lo siento-se disculpó.
Negué con la cabeza y le miré a los ojos.
-Escúchame bien, tú me das todo sólo con tu presencia. He pasado demasiado tiempo sin ti y lo único que le pedí a Dios es estar aquí, contigo de nuevo, aunque fuese a través de un sueño, aunque fuese la última vez-le conté.
Permanecimos mirándonos, oliendo ese salado aroma del mar, oyendo las olas.
Las palabras no eran necesarias, todo estaba dicho.
-¿Qué vamos a hacer cuando todo acabe?-pregunté.
-Esto no va a acabar. Lo que sentimos no acabará nunca.
-Pero este sueño sí-apunté mirando para abajo, con un nudo volviéndose a formar en mi garganta.
Él asintió.
-De hecho ya se está acabando, siento que ya llega en final-me dijo con pena.
-¿Puedo hacer una cosa?
-Creo que sé que quieres decir.
Él acercó sus labios a los míos, haciendo que se fundiesen en un beso, el más maravilloso de toda mi vida. Sus labios desprendían exactamente todo lo que yo sentía por él, todo el amor, la añoranza, la pasión y la ternura. Y el dolor por la distancia tan larga.
Entonces, todo empezó a ponerse borroso, incluido él.
-¡No te vayas!-grité.
-¡Olvidé decirte una cosa! ¡Te amo!-gritó también.
Yo sonreí entre mis lágrimas.
Entonces desperté. Ya era de día, todo mi sueño quedó roto.
A pesar de ello, sonreí. Me quería tanto como yo a él. Mi alma ya no estaba rota.

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1 comentario:

Muchas gracias por dejar tu sueño en nuestra pequeña nube.